Nuestra historia son nuestros motivos

Desde que montamos la sección sindical en CNT nos han preguntado y preguntado, ¿por qué? Son muchos los que quieren saber las razones que nos han empujado a jugarnos el trabajo, a invertir nuestro tiempo en aprender derecho, a dejarnos los datos y engordar la factura. Cada cual tenía sus motivos, pero vimos que todos los motivos surgían de nuestro tiempo en la empresa y que se explican mejor si lo contamos en primera persona. Esta es una de esas historias:

Empecé a trabajar en Tiger en una campaña de Navidad. Abríamos tienda y yo comenzaba con muchas ganas, como todo el mundo. Los primeros meses fueron en general tranquilos, nuestra tienda iba como le gustaba a la oficina, todo el mundo se llevaba bien y no teníamos ningún roce, sin problemas. El primer toque no fue a mí, fue a un compañero. Era un correturnos, correturnos al que a veces, una hora o dos antes de salir de casa le llamaban para cambiar la tienda en la que trabajaba. Este chico se leyó el Convenio de Comercio Vario, el que nos corresponde, y vio que había algunas cosas que no le cuadraban. Decidió comentarlo con la encargada de una de las tiendas en las que le tocó trabajar y, sorpresa, al día siguiente le llamó muy enfadado el encargado de su tienda porque no podía entender que se quejara cuando «le estaban haciendo un favor». La cosa no pasó de ahí y nos lo tomamos a risa; ‘convenio’, palabra prohibida.

Con el tiempo la gente fue evolucionando, encontraban trabajo de lo suyo o se iban fuera. Lo que era bastante extraño es que la oficina no lo entendía, no entendía cómo es posible que alguien no quisiera trabajar en el mejor empleo del mundo y les ponían trabas. Trabas sin sentido pero que despistaron a más de uno. Después de las segundas navidades hicieron una cena de empresa. Tuve que irme de la misma después de que un señor de la oficina contase una historia que acababa con esta moraleja: «Aunque estés de mierda hasta el cuello, cierra el pico».

Llegó un día bastante difícil en la tienda. Una compañera tuvo que explicarle a un compañero que le despedían. Fue la primera persona en decirle que no se cambiase, que hablase con el encargado, que iban a despedirlo. Firmó no conforme en el despido y al mes tuvo su indemnización. El día siguiente del despido, casualmente, era su cumpleaños.

Con el tiempo me cambiaron de tienda, abrieron otra más cerca de mi domicilio y necesitaban gente de mañana. El verano pasado me llamó una compañera de la tienda anterior, la habían despedido. Esta compañera llevaba años intentando quedarse embarazada. Después de mucho tiempo en listas de espera, de esperar su turno, había empezado el tratamiento de inseminación y había tenido que faltar varios días para ir al médico. Tuvo que parar el tratamiento cuando la despidieron. Ahora ha vuelto a la lista de espera.

Pasa el tiempo y lo que iba a ser temporal empieza a ser indefinido y un buen día, después de que cambiasen a la encargada, deciden que tengo muchas horas. Al día siguiente empezaba mi nueva jornada. Ese mismo día supe que no podía dejar pasar ni una más.

Esta podría ser la historia de una sola persona, pero en realidad es la historia de la plantilla entera, de todas las personas que han pasado y pasarán, pero sobre todo de toda la gente que cada día posa su dedo en el lector. De toda la gente que quiere levantar la cabeza, pero sola no puede; de esas familias que quieren algo mejor para sus hijos, pero solas no pueden; de todas las personas que guardan todavía su dignidad. Esta es nuestra historia, estos son nuestros motivos.

 

Sección Sindical CNT Tiger
Federación Comarcal Sur