No son «fines de semana trágicos», es un problema endémico: nos matan.

 

Estamos a 8 de junio de 2017 y ya son 28 mujeres asesinadas a manos de sus parejas, lo que asciende a 50 feminicidios según diversas fuentes. En total, son 155 asesinatos perpetrados por hombres hacia mujeres en cuestión de año y medio.


Hace apenas unas semanas, la figura pública de Paula Echevarría, actriz, «aseguraba que no se había de ser feminista ni machista, sólo persona». Tres días después, vivimos lo que los medios suelen llamar “fin de semana trágico” o “fin de semana negro” con cuatro nuevas víctimas de violencia de género. Para Paula Echevarría como para otrxs muchxs personas, machismo y feminismo son equiparables, son extremos que se tocan, son un segmento dentro de la percepción humana que, debido a su ilimitada forma, acaban chocando, al igual que choca el heliocentrismo y el geocentrismo, los argumentos pro-vida y los argumentos abortistas o, incluso, el anarquismo y el fascismo. Porque, claro, el feminismo es lo contrario al machismo, porque el buscar la equidad e igualdad de los géneros al querer derribar los privilegios que el hombre ha construido de manera sistémica –conocido como sistema heteropatriarcal según los estudios de género y la antropología– convierte al feminismo en una palabra que denota supremacía femenina.

Y ahora nos refutaréis y diréis: “no es feminismo lo que ella quería decir, sino hembrismo”. Bueno, nosotras os podemos constatar que para que se dé una situación de opresión hacia el hombre, primero tiene que existir un sistema en el que el hombre esté oprimido y carezca de privilegios por una entidad o género que se superponga a través de control, el miedo, la fuerza y el poder. ¿Existe el matriarcado? No. Por ende, ni existe el hembrismo, ni el feminismo es el extremo contrario del machismo. Así pues, la frase polémica que regurgitó la actriz (por desgracia estamos muy acostumbradas a escucharla) es, inevitablemente, machista. Como siempre, tenemos que volver a explicarlo.

Como bien se decía en las líneas superiores, los medios han tratado al nombrado fin de semana como un “fin de semana trágico”. Esa misma semana, aparte de las desafortunadas palabras de la actriz, nos hacíamos eco del vídeo de una mujer de Murcia que, armada de valor,  grabó al acosador que le manoseó mientras volvía del trabajo. No puede evitar romperse y echarse a llorar, mientras el transeúnte sigue con su camino como si nada. ¿No implicaría esto ser una semana trágica también? ¿No son todas las semanas trágicas para miles de mujeres? ¿No son todos los días trágicos para miles de mujeres? Es curioso que, tras este “fin de semana negro”, los políticos, en su mayoría de derechas, se hagan adalides de la causa feminista, cuando vimos, allá por noviembre del 2016, cómo rechazaban en una moción del Senado la financiación a los servicios contra la violencia machista con 140 votos, todos provenientes de la bancada fascista.

Sin embargo, ¿adónde queremos llegar con todo esto? Queremos manifestar lo necesario que es el feminismo. Vamos a poner un último ejemplo, muy duro: una de las mujeres asesinadas este fin de semana era hija de un excargo del PP, el cual, antes de que se diese este asesinato, se le podía leer en las redes tuits tales como: «la violencia machista en Países Nórdicos, Francia y UK es de 42% hasta 52%. En España es del 22%. Parece que no hacen tanto ruido como aquí». Así frivolizó con la violencia de género el 27 de noviembre del 2016. También podemos ver que el 18 de mayo retwitteó «#ComoMujerNoQuiero la manipulación de las feminazis mediante la victimización. De eso se trata, de una panda de manipuladoras». Esperemos que, de alguna u otra manera, esto sirva para recapacitar sobre prejuicios que se tiene sobre el feminismo y el claro componente machista de lo expuesto en el párrafo.

Los asesinatos, la violencia física, no es más que la punta del iceberg de lo que el sistema heteropatriarcal ejerce sobre la mujer. Al igual que desde la CNT hablamos del terrorismo de la patronal, también hablamos del terrorismo machista. El miedo, la impotencia y la continua deslegitimación de la mujer violentada por todos los aparatos de poder sólo pueden remontarse con un pensamiento feminista, transversal y antipatriarcal.

Lo de la semana pasada no fue un “fin de semana trágico”, es un problema endémico que hay que combatir y erradicar.

Ni una menos.

Todos los días cuentan. Todos los meses cuentan.

 

Federación Comarcal Sur