La historia de una camarera de piso cualquiera, en un hotel cualquiera

                             

Después de más de dos años en paro, un año sin cobrar nada, ni ayudas ni subsidio, viviendo con el sueldo de 400€ de mi hija, con una denuncia por falta de pago del alquiler, con una denuncia de desahucio… consigo encontrar trabajo de camarera de piso.

Cómo no lo voy a aceptar si no tenía de dónde tirar para poder vivir con dignidad y poder pagar las deudas que íbamos acumulando por el camino del desempleo, la crisis y la precariedad que vivíamos.

Empiezo a trabajar con las siguientes condiciones:

Contrato de obra y servicio (en fraude de ley), jornada de 8 horas (en realidad eran 14), sin derecho a vacaciones (si querías unos días de vacaciones te tenías que ir al paro, acordando con la empresa tu vuelta para que te volvieran a contratar), 17 habitaciones de ratio, zonas comunes y salones, reposición de minibares, papelería, carga de los carros de limpieza, subida de ropa limpia y vaciado de jaulas de lavandería, recogida y bajada de ropa sucia, lavado de cortinas, fundas de sillas y manteles para eventos y un largo etcétera de tareas.

Teníamos un sueldo fijo de base, que era variable, y cobrábamos por habitación 2,15 €. Hasta que no terminabas el trabajo no podías marcharte, necesitaras las horas que necesitaras. Con lo cual, muchas de las horas no nos las pagaban (esta es la descripción de un ‘trabajo a destajo’, prohibido por ley).

Al cabo de los 9 meses trabajando, el hotel decide cambiar de empresa, nos subrogan, perdemos la antigüedad, la liquidación y los derechos. Esto nos indigna enormemente, pero hay que continuar trabajando para continuar malviviendo… ya que pierdes tu vida social, tu salud y en muchas ocasiones hasta tus ganas de vivir.

Te preguntas: ¿Para qué? No me da ni para pagar ni para vivir con dignidad.

Y me dedico solo y exclusivamente a trabajar.

Comíamos una vez al día, cuando llegabas a casa a las 8 o 9 de la noche después de haber salido de casa a las 6:30 de la mañana, con lo cual hacíamos comida-merienda-cena, todo junto. Si parábamos a comer en el trabajo, que a veces lo hacíamos, dependíamos de la gobernanta, que o te dejaba o te regañaba. Con lo cual, si te la jugabas, comías a escondidas en las habitaciones, sabiendo que si te pillaban tendrías represalias.

Pero hay que continuar tragando con esta precariedad y esta esclavitud, si protestas te quedas sin trabajo.

Al cabo de 11 meses el hotel decide volver a cambiar de empresa. Uno de los motivos es que al cabo del tiempo si continuamos con la misma empresa nos tienen que hacer fijas, y es algo que ni a la empresa subcontratada ni al hotel les interesa. Otro motivo es que los hoteleros buscan cada vez más el servicio más barato.

Cuando entra la siguiente empresa, nosotras, con la indignación de los anteriores contratos y pérdida constante de derechos, decidimos buscar soluciones.

En las negociaciones con la nueva empresa empezamos con mal pie, diciéndoles que no íbamos a firmar nada sin consultarlo con un abogado. Yo particularmente le dije a la directora de Recursos Humanos que me tenían que reconocer mi categoría, ya que estaba en contrato de camarera de pisos y hacia las labores de supervisora, además que me tenían que hacer fija porque los contratos estaban en fraude de ley, cosa que ya a través de un email le comuniqué a la anterior empresa sin tener contestación.

La contestación de la directora de Recursos Humanos fue eso me lo tendrá que decir un juez.

Nos unimos unas cuantas a la asociación Las Kellys. Ellas nos informaron de todo tipo de fraudes que hay en la hostelería y con las mismas decidimos afiliarnos a un sindicato para pedir ayuda.

Nos afiliamos a la CNT, la mejor decisión que hemos podido tomar. Desde allí nos ayudan, asesoran y comparten nuestra lucha. Constituimos una sección sindical y denunciamos contratos en fraude de ley.

Sin embargo, no todas las compañeras llegamos a ese momento. Algunas se nos echaron encima por pedir nuestros derechos, ya que empezaron los abusos de poder, la presión laboral, etc. Tuvimos una respuesta de lo más agresiva por parte de la empresa: la primera despedida fue nuestra gobernanta. Aprovecharon el momento cuando la gobernanta quería despedir a una trabajadora que robaba las propinas a sus compañeras y la empresa, en lugar de tomar medidas, manipuló a esa trabajadora para que escribiera una carta acusando a la gobernanta de acoso, con lo cual despidieron a la gobernanta con un despido disciplinario que está en los tribunales.

Dos días antes de despedir a la gobernanta apareció allí la coordinadora de zona con otra señora a la que nos presentó como una nueva coordinadora, ya que ella estaba desbordada y esta la iba a ayudar. Aprovecharon también que la gobernanta a la que querían despedir estaba de vacaciones y yo estaba haciendo esas labores.

Esta falsa coordinadora empezó a poner patas arriba al hotel, las compañeras, el trabajo, etc. Todo era un caos. A los dos días de estar allí, manipulando e intentando poner en contra a las compañeras (aquello del divide y vencerás), despidieron a la gobernanta y pasó ella a ser nuestra jefa directa.

Empieza así el principio del fin.

El trabajo empezó a ser más martirio de lo que ya era.

En los días que estuvo de supuesta coordinadora me preguntó directamente si había alguna chica que yo no revisara. Le dije que sí, que había una que tenía toda mi confianza porque trabajaba muy bien. Pues bien, un día que yo estaba supervisando, apareció, en una habitación que había limpiado esta chica de mi confianza, una toalla manchada de sangre. Recogimos la toalla y comprobamos en equipo que esa toalla no estaba lavada, es decir, no la había puesto la compañera como limpia. La doblamos en equipo, todas las trabajadoras presentes en lencería y de diferentes formas, para ver si se nos podía haber colado. Imposible, de todas las formas en que la doblábamos se veía demasiado la sangre y evidentemente empezamos a sospechar, con las dudas que quizás se nos había pasado.

Ese fue el primer sabotaje. Continuó con habitaciones que habíamos limpiado y aparecían desordenadas de nuevo, el suelo sucio, los baños con pelos, las colchas mal puestas y un largo etcétera.

Un día, estando yo limpiando una habitación y con el carro de limpieza en el pasillo, me encuentro, al salir a recoger los productos, un bote de líquido abierto y tirado en la moqueta del pasillo, con la consiguiente mancha en la moqueta. Al rato se presenta la gobernanta con el director del hotel a culparme a mí de esa mancha y dejándome en evidencia sin posibilidad de defenderme.

Empezamos a sentir todas las compañeras del departamento de pisos que, tanto el personal de cocina, de restauración, recepción y mantenimiento, nos daban los buenos días con las cabezas gachas y por compromiso. Nos evitaban y la buena relación que teníamos desapareció. 

Empezaron también a aparecer cisternas desmostadas, y claro, nos culpaban a nosotras. Una compañera sorprendió un día a la gobernanta desmontando una en el vestuario femenino y supimos claramente quién estaba detrás de todo aquello. Dicha gobernanta, el primer día que apareció en el hotel, comentó que la habían desaparecido 100€ del bolso y que en el departamento de lencería solo entrábamos las camareras de pisos. Una nueva acusación totalmente falsa porque, suponiendo que fuera verdad, igualmente la lencería estaba abierta y entraba desde el personal de mantenimiento hasta la empresa externa de lavandería, así como todo el personal de restauración. También comprobamos que cuando estaba la nueva gobernanta, las camareras no recogían propinas.

Después de soportar todo este tipo de injusticias y sabotajes y tras varias reuniones del sindicato con la empresa, parecía que se aplacaban las cosas, pero no fue así.

Un buen día llegamos a trabajar y la gobernanta nos comunicó que el hotel había rescindido el contrato a la subcontrata con la estábamos contratadas, pero que no nos preocupáramos que la empresa nos iba a reubicar a todas. Es más, nos leyó un correo de la responsable de Recursos Humanos diciéndonos que no nos quedaríamos sin trabajo.

Trabajamos la jornada con total normalidad y al terminar el día nos reunimos con la gobernanta, el responsable de Recursos Humanos y el abogado de la empresa. Como nosotras ya  teníamos muchas sospechas, avisamos a la CNT y vinieron dos abogados para representarnos.

Todas reunidas fuimos recogiendo cartas de reubicación y de despidos.

Reubicaron a la trabajadora que escribió la carta para despedir a la anterior gobernanta, la misma que robaba las propinas a las compañeras y era la confidente de la empresa. También a una compañera que estaba de baja por embarazo. El resto de las compañeras fuimos despedidas.

En ese momento nos reconocieron los contratos en fraude de ley y nos hicieron fijas pagando la indemnización correspondiente.

Y aquí empezó nuestro camino de lucha por la readmisión y subrogación a la empresa entrante.

 

 

Alfonsi Asperilla

Sección sindical CNT Exeo