Fue bonito mientras duró, Ratzinger

joseph_ratzingerYa se fue Ratzinger y todo el mundo empieza a hacer balances sobre la visita. Uno de los temas más controvertidos es el de las cuentas, cuanto ha costado esta juerga y quien la ha pagado. También se hace balance de los beneficios. Todo esto es un decir, porque las autoridades o no se ponen de acuerdo con los datos, o simplemente los omiten. Normal, para tener que mentir, mejor callar. Si parece ser, que el estado ha co-pagado la mitad de la fiesta, 25 millones concretamente. El resto ha sido sufragado por empresas como El Corte Ingles, Telefónica o Banco Santander, que a cambio de ello han sido obsequiadas con importantes exenciones fiscales. Estos si que saben hacer negocios. En tiempos de crisis siguen ganando dinero a espuertas, gracias a los recortes que sufrimos l@s trabajadorxs y además el gobierno les premia por organizar este enorme sarao.

Si todo esto, ya de por sí, suena a tomadura de pelo, esta sensación aumenta cuando recordamos que Ratzinger (otrora miembro de las Juventudes Hitlerianas y sospechoso de encubrimiento de abusos a menores) no ha venido como jefe de estado, sino como clérigo (si estos son los ángeles ¡cómo serán los demonios!); por lo tanto, se trata de un acto privado, a todas luces.

Pero no solamente ha venido el enviado de Dios, sino que además han venido multitud de sus acólit@s, que también han podido disfrutar de los recursos públicos, así como de exenciones, ayudas y descuentos, que hemos pagado entre tod@s. ¡Quien fuera peregrino! un simple dolor de garganta y te envían una UVI móvil.

Para much@s, esta visita nos ha servido para recordarnos una vez más que lo llaman democracia y no lo es. Las imágenes de los policías «disolviendo» a bofetadas, a peligrosas muchachas que atentan contra el orden público, nos han trasladado a los años del franquismo, así como ese intento de no dejar testigos incómodos, «disolviendo» también a periodistas y fotógrafos. Por cierto, un poco de Loctite para estos agentes, por el amor de Dios, que vaya facilidad con la que se le despegan la placa de identificación.

Las escenas de las altas esferas de la sociedad estatal, públicas y privadas, rindiendo pleitesía al mayor hijo de Dios, parecen también de otra época. En un estatus de aconfesionalidad y laicidad, totalmente incomprensibles estos actos de servilismo. Luego, para el pago que Ratzinger le ha dado, porque no ha tenido ningún problema en injerirse una vez más, en asuntos de estado y de la vida civil.

Como nada de esto parece tener lógica, aportemos nosotr@s argumentos razonables. Las JMJ, como acto privado que son ¿no deberían celebrarse en el Vaticano? ¿no deberían de costeárselo ell@s? Allí nadie pondría ninguna objeción. Podrían montar un espectáculo, más a su manera, a lo grande, con luces, sonido y efectos especiales: un enorme escenario donde Ratzinger podría aparecer descendiendo, como que lo envía Dios. Para amenizar la fiesta se podría sanar a algún leproso. Y como plato fuerte, la escenificación de la Santa Inquisición torturando a algún hereje, ateo o librepensador; la quema de alguna bruja tampoco estaría mal. Seguro que haría las delicias de toda la feligresía.

Bautista Rocamora. Militante de la CNT.

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